Huevo duro
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Huevo Duro

¿Quién no ha comido un huevo duro alguna vez? Es más, ¿quién no lo ha cocinado? Cuando se quiere decir que alguien no sabe cocinar utilizamos la expresión “no sabe hacer un huevo frito”, aunque bien pensado, en principio es más fácil cocer un huevo…

Palabras y más palabras que no nos llevan a nada. Lee nuestro post y descubre cómo conseguir hacer el huevo duro perfecto. Sí, ya ves, hasta el huevo duro tiene truco.

El huevo cocido es un elemento versátil que todos hemos utilizado en un desayuno, en la ensalada, en un sándwich… Hacerlo es realmente sencillo. Basta con introducirlo en agua hirviendo unos minutos y ya está, pero seguro que os habéis encontrado con algunas de las siguientes situaciones que explicamos a continuación.

Lo primero de todo sería delimitar que entendemos por un huevo duro perfecto. Entendemos por tal el que tiene su cáscara íntegra, se pela con facilidad y presenta su yema centrada y de un color amarillo o anaranjado homogéneo. Por supuesto la textura y el sabor deberán ser jugosa y fino, respectivamente.

El primer punto a tratar sería cómo mantener la cáscara intacta. Generalmente la fractura o agrietamiento de ésta se produce cuando el agua entra en ebullición. El huevo empieza a bailar en el líquido elemento y fruto de los golpes que recibe contra el recipiente u otros huevos acaba rompiéndose.

Pero no es éste el único motivo por el que puede llegar a romperse. Hay que tener en cuenta que el huevo en su parte más redondeada alberga una pequeña cámara de aire que en ocasiones no consigue escapar en el proceso de cocción, por lo que podría resultar práctico perforar esta zona con un alfiler, si bien no es el método más efectivo.

La forma más eficaz para evitar las roturar es realizar la cocción de forma moderada. Esto es, calentándolos progresivamente, sin prisa, y cuidando de no alcanzar nunca la temperatura de ebullición del agua: 100ºC. Aunque tal y como explicamos al final, menos grados son más recomendables.

Cabe destacar que el huevo agrietado con carácter general estará excesivamente cocido. Ello conllevará que:

  • Pueda tener un sabor sulfuros
  • Se obtenga ese olor como de huevo podrido (resultante de la generación del sulfuro de hidrógeno como consecuencia de una coagulación excesiva)

Por otro lado, en el caso de los huevos duros llama la atención que utilizar los más frescos no sea en todos los aspectos lo más conveniente, pues los que tenemos desde hace más tiempo resultan más difíciles de pelar.

Asimismo conviene saber que si enfriamos el huevo rápidamente también resulta más difícil de pelar. En consecuencia, una vez cocido evita sumergirlo en agua fría para cortar la cocción o manipularlo rápidamente.

En lo que a la yema centrada se refiere cuanto más frescos sean los huevos más fácil será conseguirlo. Esto se debe a que con el tiempo la clara del huevo va perdiendo agua y se hace más densa. Por ello, cuando el huevo se cuece la yema asciende y se descentra. Se dice que si durante el cocinado se le da algunas vueltas al agua como si de un puchero se tratar se consigue igualmente que las yemas queden centradas.

Por último quedaría apuntar el tema del color. En ocasiones nos encontramos con que la yema del huevo cocido tiene un tono verdoso. Esto es también más probable que nos pase con los huevos menos frescos, pues su clara es más alcalina (tiene un pH más alto) debido a la mayor concentración. Con todo, el factor principal en la mayoría de los casos –pues en mayor o menor medida entendemos que los huevos que utilizamos están en buen estado- es la sobrecocción, proceso en el que el azufre de la clara contacta con el hierro de la yema formándose el sulfuro ferroso y su característico color verdoso.

De todo lo dicho se desprende que cocer el huevo perfecto depende mayormente de la temperatura y tiempo de cocción. Debemos saber que la clara comienza a coagular a los 65º C, en tanto que la yema lo hace a los 70º. Por tanto temperaturas superiores a los 80º resultarán no sólo superfluas sino desaconsejables.

El hecho de subir hasta los 80º cuando en principio sólo hacen falta 70º obedece a contrarrestar la pérdida de temperatura en el interior del huevo.

Por último el tiempo de cocción no precisaría superar los 10 minutos. Una vez listo lo dejaríamos perder temperatura lentamente y ya deberíamos tener nuestro huevo duro perfecto.

7 Consejos para un huevo duro perfecto

  1.  Pon agua suficiente (que quede el huevo sumergido 1 cm)
  2. Calienta el agua progresivamente
  3. No excedas los 80º C
  4. Cuando el agua esté caliente, introduce el huevo
  5. Dale algunas vueltas para evitar que la yema se descentre
  6. Cuécelo máximo 10 minutos
  7. Déjalo enfriar lentamente (no lo sumerjas en agua fría)

Como decimos siempre, nuestras orientaciones no son una fórmula matemática que seguir a rajatabla para un resultado perfecto. Esto es cocina e intervienen muchísimos factores, pero seguro que ya tienes una buena base para probar y conseguir un resultado óptimo.